
Hay cuestiones de gran trascendencia que claman al cielo en este mundo, infinidad de hechos aciagos que acontecen diariamente de una gravedad y calado que estremece sólo tener conocimiento de ellos… En fin, podría extenderme desgranando los temas importantes que claman al cielo… Pero luego existen, como canta Serrat, esas pequeñas cosas, que no por ello son insignificantes, sino que incluso logran influir en tu vida diaria, provocándote (si te queda algo de sensibilidad, que ya es decir) un estado de ánimo de tal o cual cariz, dependiendo de su bondad o maldad. Esas pequeñas cosas, que pueden ser las actitudes cotidianas de los individuos, y que la suma de ellas da como resultado un tipo de sociedad u otro, nos llevan a conocer los valores del entorno en el que nos desenvolvemos.
Fijémonos como ejemplo en dos chorradas (hay más, pero las dejaremos para otro día): una de educación y solidaridad y la otra de fijación y atención.
Qué puedes esperar de una sociedad en la que la gente joven y no tan joven no cede su asiento a los ancianos, a una embarazada, a una mujer con bebé en brazos, a un impedido, etc. Pues, desde mi punto de vista, nada bueno. Cómo se va a esperar algo decente de alguien que agacha la cabeza para no ver lo que le puede hacer pensar que es un sinvergüenza, y éste todavía tiene la noción de mala conciencia, aunque suele ser un cobarde, pero luego está el peligroso, el que se queda mirando fijamente a la ancianita, regodeándose de su acción, como diciendo jódete por ser vieja (éstos proliferan cada día más)… Gente encantadora, que luego son buenos chicos según sus progenitores, vamos, los que le han "creado" y "educado" con una ayudita importante del entorno social.
Y para quitar hierro a la cosa nos vamos a otra conducta menos grave aunque también tiene miga. Llevamos años y años utilizando ascensores, sobre todo en edificios públicos o de grandes alturas, donde la afluencia de personal es considerable. En cada planta, y para llamarlos, suele haber dos botones, uno de subida y otro de bajada, y cada uno de ellos corresponde a la dirección que quieras tomar, es decir, para subir tienes que presionar el que tiene la flechita hacia arriba, y para bajar el propio de la flechita hacia abajo, porque, en el caso de presionar los dos, que es lo que hacen el 135 por 100 de los usuarios, los ascensores paran continuamente en todas las plantas, tanto si bajan como si suben, dando pie a escenas como "Ah, ¿pero va para arriba? No, yo bajo" (para estrangularlo). ¿Fácil, no? Pues no. Así que solicito que se haga una campaña televisiva, con cuñas en programas del corazón y telenovelas sudamericanas, para decir al personal que presionen solamente el botón de la dirección en que quieran usar el ascensor, ¡coño! Hay cosas que se le escapan al sistema capitalista. ¿No se ha dado cuenta de la cantidad de tiempo que pierde la gentecilla en los putos ascensores? Pues, hala, ¡anúncienlo!
LAGARTIJO